El presidente William Ruto ha establecido un objetivo ambicioso para que Kenia logre una transformación económica comparable a Singapur, un país que pasó de ser una economía en desarrollo después de la independencia a una de las naciones más ricas del mundo.
La ambición ha aparecido cada vez más en los debates sobre el desarrollo a largo plazo de Kenia más allá de la Visión 2030. Ruto ha pedido un marco de desarrollo nacional que se extienda hasta 2060, con objetivos claros para el empleo, la salud, la educación, la vivienda, la infraestructura, la seguridad alimentaria y el crecimiento económico.
Singapur ofrece un ejemplo atractivo porque su transformación fue impulsada por la planificación a largo plazo, la inversión en educación e infraestructura, la industrialización, la inversión extranjera y las instituciones públicas sólidas. Ruto ha destacado anteriormente el éxito de Singapur en áreas como la vivienda asequible como algo de lo que Kenia puede aprender.
Sin embargo, Kenia se enfrenta a importantes obstáculos para lograr una transformación similar. La deuda pública, la corrupción, el desempleo, la baja productividad y el alto coste de la vida siguen afectando a la economía. Kenia también es mucho más grande y geográficamente más diversa que Singapur, lo que significa que su estrategia de desarrollo no puede simplemente replicar el modelo de la ciudad-estado.
Para que el sueño de Singapur de Ruto se convierta en algo más que una ambiciosa visión política, Kenia necesitaría décadas de crecimiento económico constante y reforma institucional. La manufactura, la tecnología, la agricultura y las exportaciones tendrían que expandirse mientras que la infraestructura y la educación mejorarían junto a ellas.
Por lo tanto, la verdadera medida del sueño de Singapur no serán los rascacielos o los grandes proyectos de infraestructura. Será si Kenia puede construir industrias productivas, crear empleos bien remunerados, fortalecer las instituciones y mejorar significativamente los niveles de vida de los ciudadanos comunes.
Ruto ha proporcionado el destino. Si Kenia puede alcanzarlo dependerá de una implementación disciplinada que continúe mucho después de su presidencia.

